Nadie dijo que sería fácil. Suplir a un técnico, que
ha copado los mayores éxitos, que antes de su llegada el club era de un segundo
escalón europeo, no es nada sencillo. Desde 1986 llevaba Sir Alex Ferguson en
el banquillo de los “Diablos Rojos” y dejó el cargo el pasado verano de este
mismo año 2013. Fueron 27 años en los que el club pasó a ser el rival a batir
en la Premier League, adelantando al Liverpool en cuanto a campeonatos
domésticos.
La elección del sustituto no iba a ser moco de pavo.
El escocés se fijó en un entrenador que llevaba bastante tiempo en un
banquillo. David Moyes, que entrenaba al Everton, fue el elegido para mantener
al club en lo más alto de la Premier y de Europa, donde “Fergie” lo había dejado.
La confianza en él era máxima, pero no era una confianza directa. Dicha fe en
el nuevo técnico provenía, sobre todo, de la confianza en la elección de
Ferguson, no por los propios modos de Moyes.
Tras casi dos meses de competición vemos que el Manchester
no marcha como lo esperado, ni siquiera posicionándose en la visión más negativa se
imaginaba que, a estas alturas de temporada, el club se encontrara más cerca de
los puestos de descenso que de los puestos altos de la tabla. En el puesto 12 y
a tres puntos del primer club en descenso. Como club grande que se trata,
imaginamos o queremos creer, que los “Diablos Rojos” remontarán el vuelo
conforme se vayan adaptando a las maneras y trabajo del nuevo técnico. Pero
esta situación no se debe en su totalidad al cambio de técnico.
Este mercado estival, el United se lanzó a la
búsqueda de un perfil de jugador que necesitaba como el comer. Un
centrocampista creador se antojaba imprescindible para el devenir del equipo.
Lo verdaderamente extraño y, que deja a la directiva del club como otro de los
culpables de la actual situación del equipo, es que el club recibiera una gran
cantidad de calabazas y de jugadores que se encontraban en clubes,
teóricamente, inferiores a los de Manchester.
Cesc, Ander Herrera, Khedira…son algunos ejemplos de
jugadores que dijeron no al United. Si el club no fichaba a algún jugador, se
antojaría como un rotundo fracaso y, ante esa necesidad imperiosa de maquillar
las calabazas recibidas, se fichó, pero a un jugador que no respondía al perfil que el club buscaba. El belga Fellaini fue el elegido como gran refuerzo para los de
Moyes por una cantidad cercana a los 40 millones de euros.
El jugador, que ya coincidió con Moyes en su etapa
como jugador del Everton, debía salir si o si del Everton para crecer
deportivamente. Ahora bien, el fichaje fue de urgencia y desacertado. Fellaini
ha pedido jugar como medio centro defensivo, posición que puede estar bien
cubierta por Cleverley, Carrick o incluso Phill Jones. También lo hemos podido
ver de enganche o de segundo punta, realizando una labor de ancla, para bajar
balones por alto y aguantarlos para esperar la llegada de los demás jugadores.
Como batuta, como director del juego del equipo,
Fellaini no puede ejercer, no es su tarea y es lo que el Manchester necesitaba.
Con el clásico 4-4-2, con uno de los puntas, suele ser Rooney, actuando entre
segunda punta o media punta, el club sigue sin jugar bien. La salida de balón
se produce por bandas con las llegadas de los laterales y las ocasiones de
peligro las generan las acciones individuales por banda o, sobre todo, la
pegada y las genialidades del mejor jugador del equipo, Robin Van Persie.
Sin alguno de sus jugadores determinantes, como
puedan ser Van Persie (actualmente lesionado) o Rooney, el Manchester pierde pegada
y, ante la falta también de juego, el desenlace es una mala racha de
resultados. Kagawa posee algo de lo que el equipo carece, esa genialidad para
mover al equipo, pero no acaba de entrar en la dinámica del grupo. El equipo
de Moyes no puede vivir de su pegada o de su calidad individual. En el mercado
de invierno se presenta una nueva oportunidad de buscar ese jugador que tanto
necesitan.
La adaptación del equipo a las exigencias, pautas y
formas de trabajo de Moyes es uno de los motivos de la actual situación del
club. Pero no solo miremos al banquillo.
Realicemos un ejercicio de empatía con
el encargado de mantener al equipo en lo más alto y replanteémonos los
malabares que deberíamos hacer para dotar al equipo de una idea de juego sin
ese jugador capaz de llevarla a cabo. Moyes hace lo que puede sin el único
refuerzo que pidió a su llegada. El nombre del Manchester hacia tiempo que no se
encontraba en una situación así, pero recordemos como fueron los comienzos del
mejor técnico en la historia del club, Ferguson. No fue un comienzo deseado,
pero la confianza que depositaron en él hizo que llevara al club a sus mayores
éxitos. Veremos como sale de esta Moyes.
Christian Sánchez de la Blanca Portillo
Seguir a @delablanca10


No hay comentarios:
Publicar un comentario